
El sol es fuente de vida, energía y alegría. Jugar al aire libre es una parte esencial de la infancia: correr, andar en bicicleta o disfrutar de la playa son experiencias que marcan recuerdos felices. Sin embargo, también es importante enseñar a los niños que el sol, aunque necesario, puede dañar la piel si no se disfruta con precaución. Y lo más importante: los hábitos de cuidado que se adquieren desde pequeños pueden durar toda la vida.
La piel infantil: más sensible y vulnerable
La piel de los niños es más delgada y tiene menos capacidad de defensa frente a la radiación ultravioleta (UV) que la de los adultos. Esto significa que las quemaduras solares en la infancia no solo duelen o enrojecen la piel: aumentan el riesgo de cáncer de piel en la adultez, especialmente el melanoma. Por eso, la protección solar no debe ser algo estacional ni reservado para las vacaciones, sino una rutina cotidiana, igual que lavarse los dientes o usar cinturón de seguridad.
Educar en fotoprotección: un hábito que se enseña con el ejemplo
Los niños aprenden observando. Si los adultos aplicamos protector solar, buscamos sombra o usamos gorro, ellos lo incorporarán naturalmente. La fotoprotección debe formar parte del día a día, sin dramatismos, pero con constancia. Algunos consejos simples para crear hábitos saludables desde la infancia:
1. 🧴 Protector solar siempre, todo el año.
Usar un protector solar de amplio espectro (UVA/UVB), con FPS 50 o más, resistente al agua. Debe aplicarse 20 minutos antes de salir y reaplicarse cada 2-3 horas o después de nadar o transpirar. Los niños mayores de 6 meses ya pueden usarlo; en bebés más pequeños, se recomienda evitar la exposición directa al sol.
2. 👒 Ropa y accesorios que protegen.
Las prendas con filtro UV, los sombreros de ala ancha y los anteojos con protección certificada son aliados indispensables. La ropa es una de las mejores barreras contra el sol.
3. 🌳 Buscar sombra.
Entre las 10 y las 16 horas, cuando los rayos UV son más intensos, es preferible jugar en espacios sombreados. Recordemos: la sombra también protege, pero no reemplaza al protector solar.
4. 💧 Cuidar la piel también en los días nublados.
Hasta el 80% de los rayos UV atraviesan las nubes, por lo que el protector debe aplicarse incluso si el día parece gris.
5. 🧢 En la escuela o las actividades deportivas.
Es ideal que los colegios y clubes promuevan la fotoprotección: permitir el uso de gorros, anteojos, protectores y sombra adecuada. Crear “zonas seguras del sol” ayuda a consolidar estos buenos hábitos.
El poder de la rutina
Incorporar la fotoprotección a la rutina diaria es clave. Un truco útil es colocar el protector solar junto al cepillo de dientes: así se transforma en un gesto automático antes de salir. También existen presentaciones adaptadas a los niños —en spray, loción ligera o barra facial— que facilitan la aplicación sin resistencia.

Más allá del verano: fotoprotección durante todo el año
Aunque asociamos el sol con la playa, los rayos UV están presentes incluso en invierno o en días fríos. En la montaña o la nieve, la radiación se refleja en el suelo y puede ser incluso más intensa. Por eso, enseñar a los niños que el sol “siempre está” es enseñarles a cuidar su piel en cualquier estación.
Un mensaje que deja huella positiva
La piel tiene memoria, y cada exposición sin protección se acumula con el tiempo.
Enseñar fotoprotección es, en realidad, enseñar autocuidado y responsabilidad. Un niño que aprende a cuidar su piel será un adulto más consciente de su salud. Es un legado simple, pero de enorme impacto: el hábito de protegerse del sol puede salvar vidas.

ASESORAMIENTO: Dra. Colina, Verónica. (MP 3677 • MN 118943) . Pediatra (SAP) esp. en Dermatología Infantil (UBA)
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