
Nutrición Occidental vs. Nutrición Ayurvédica
Cuando me recibí de la Universidad Nacional de Córdoba, confieso que la palabra ‘Ayurveda’ me resultaba lejana, casi exótica. La formación que recibí era sólida, llena de fórmulas y protocolos que, por supuesto, en muchos pacientes son necesarios. Pero llegábamos hasta ahí: pesar, medir y perseguir un objetivo netamente numérico. En algún punto, eso me generaba una sensación de vacío. Sentía que faltaba algo.
Con el tiempo fui entendiendo que ese ‘algo’ tenía nombre: mirada integrativa. Y fue el Ayurveda quien me la ofreció. Como bien describe la Dra. María de Ezcurra en su libro Ayurveda Doméstico, esta medicina no busca simplemente silenciar síntomas, sino acompañar a la persona a comprenderse a sí misma, a su cuerpo y a sus hábitos, de manera progresiva y amorosa.
El Ayurveda se entiende a sí mismo como la ciencia de la vida, y eso se nota en la consulta: aborda el estado emocional, la situación laboral, el contexto social, los vínculos. Todo importa. Todo forma parte del cuadro.
Como señala el Dr. Jorge Luis Berra, médico argentino y referente del Ayurveda en América Latina, esta medicina integra cuerpo, mente y alma generando un método de curación armónico y no traumático, algo que la medicina convencional recién está comenzando a valorar.
Quiero ser justa con mi formación de origen: la nutrición occidental también ha evolucionado. Enfoques como la nutrición funcional, la psicología de la alimentación o la nutrición conductual han comenzado a incorporar el contexto emocional y social del paciente. En ese sentido, el Ayurveda no se opone a la ciencia occidental, sino que lleva milenios practicando lo que algunos de estos enfoques recientes están redescubriendo.
Como sostiene Deepak Chopra, médico y uno de los mayores difusores del Ayurveda en el mundo, esta antigua ciencia simplemente utiliza una terminología diferente para expresar ideas que hoy también valida la biología moderna.

Desde la mirada ayurvédica, el objetivo no se limita a los números en la balanza ni en las medidas. Se busca el bienestar real de la persona, respetando sus tiempos, su constitución y su historia. Y eso, en mi experiencia clínica, hace toda la diferencia. Esta perspectiva holística no reemplaza los indicadores clínicos cuando son necesarios: los complementa, integrando al ser humano en su totalidad.
El Agni: Fuego Biológico
Uno de los conceptos que más me impactó cuando comencé a estudiar Ayurveda fue el del Agni (del sánscrito: fuego). En la medicina ayurvédica, el Agni es el fuego biológico que gobierna el metabolismo: es aquello que transforma una sustancia en otra, que permite separar qué dejar entrar y qué dejar pasar, qué absorber y qué eliminar.
Como explica Deepak Chopra en su obra Digestión Perfecta, cuando el Agni es fuerte creamos tejidos sanos, eliminamos desechos con eficacia y generamos vitalidad.
Cuando se debilita, la digestión queda incompleta y se acumulan residuos tóxicos que el Ayurveda llama Ama. Y el Ama, con el tiempo, es la base de la enfermedad. Cuidar el Agni a lo largo de la vida no es un consejo menor: de él dependen la longevidad, la claridad mental y la capacidad de transformar no solo los alimentos, sino también las emociones y las experiencias. A medida que ese fuego se va apagando, la vida también lo hace. Por eso, desde esta mirada, mantenerlo encendido es un acto de salud profunda.
El Agni gobierna mucho más de lo que imaginamos: la longevidad, la inteligencia, la percepción, el color y la vitalidad de la piel, el sistema enzimático y el metabolismo. Cuidarlo es, en cierta forma, cuidarlo todo. Hay alimentos y especias que lo estimulan y fortalecen, favoreciendo el apetito, la digestión y la eliminación del Ama: jengibre, pimienta, cardamomo, canela, clavo, mostaza y ghee son los aliados más clásicos del Agni en la cocina ayurvédica.
Pequeños gestos que el Agni agradece
Acá me permito una aclaración importante para no generar alarma: el Ayurveda no prohíbe nada. Sugiere. Y esa distinción importa mucho, especialmente para quienes venimos de una cultura nutricional donde abundan las restricciones. Algunos hábitos y combinaciones que, al revisarlos, el Agni agradece:
- Evitar yogur con frutas ácidas o cítricos: por su diferencia en acidez, se digieren en distintos tiempos y esto genera residuos no digeridos que se convierten en toxinas (Ama).
- Evitar carne (energía calentante) combinada con proteína de leche (energía enfriante).
- Evitar mezclar alimentos crudos con cocidos.
- Evitar leche con melón.
- Evitar cantidades iguales de alimentos calientes con alimentos fríos.
- Evitar agua fría durante y después de las comidas: inhibe el Agni.
- Evitar la miel cocida: la miel cruda es néctar, pero calentarla la vuelve perjudicial.
Los Seis Sabores y Sus Efectos
Una de las cosas que más me sorprendió del Ayurveda es que no clasifica los alimentos como ‘buenos’ o ‘malos’, sino que habla de sabores y de equilibrio. Todos los alimentos contienen los 6 sabores y, según esta medicina, deberían disfrutarse todos para mantener la armonía. El Dr. Jorge Luis Berra suele decir que una comida ayurvédica completa es aquella que incluye los seis sabores: no por cumplir una regla, sino porque cada uno cumple una función específica en el cuerpo.



Ciclos Diarios de Energía
Otra de las enseñanzas que más me resonaron al adentrarme en el Ayurveda fue la del ritmo diario. La Dra. María de Ezcurra lo explica de una manera muy accesible: vivir en sintonía con los ciclos naturales no es una filosofía abstracta, es una práctica concreta que podemos incorporar poco a poco en nuestra rutina. El Ayurveda desarrolló hace milenios una visión de la óptima rutina diaria que reconoce las diversas fases del ciclo de 24 horas en relación con los tres doshas y los elementos que los componen.
A las 12:00 el sol está en su punto máximo y, con él, también nuestro Agni. Es el momento ideal para hacer la comida principal. No siempre es fácil reorganizar la vida alrededor de esto —y puedo entenderlo, porque la rutina cotidiana muchas veces no acompaña— pero pequeños ajustes, como almorzar un poco antes o hacer del almuerzo la comida más completa del día, ya marcan una diferencia real.
Al atardecer, cuando la jornada termina y el sol comienza a caer, hay una invitación silenciosa a ir bajando el ritmo. En la ciudad eso es más difícil de sentir —y tiene todo el sentido, vivimos en un ritmo que no para— pero existe, y cuando uno empieza a prestarle atención, algo en el cuerpo lo reconoce. Para el descanso, el Ayurveda es claro: cenar temprano, idealmente entre las 19:00 y las 20:00 hs, y acostarse alrededor de las 22:00. Si nos acostamos más tarde, perdemos el descanso rejuvenecedor que comienza al final del ciclo Kapha, y el sueño posterior será más liviano. Con el tiempo, vivir fuera de estos ritmos conduce a la fatiga crónica. Cada vez que logro respetarlo, la diferencia al despertar es notable.
Por último, el despertar. Se recomienda hacerlo media hora antes del amanecer, alrededor de las 6:00 de la mañana, cuando la mente está bajo las cualidades de Vata: ligereza, rapidez, vivacidad, entusiasmo. Es el momento más limpio del día para comenzar.

Un Cierre, o Más Bien una Apertura
Cuando empecé a integrar el Ayurveda en mi práctica, no lo viví como una renuncia a mi formación universitaria. Lo viví como una ampliación. Como si de repente el mapa que tenía se hubiera vuelto más grande, más detallado, más humano.
Y creo que de eso se trata, en definitiva. No de elegir entre un modelo y otro. No de abandonar la analítica o los indicadores clínicos para abrazar las especias y los doshas. Sino de encontrar aquello que le sirve a cada persona, en su momento, con su historia y su cuerpo particular.
Hay una imagen que me gusta mucho para explicarlo: se trata de encontrar el zapato que se ajuste a nuestro pie, y no de ajustar nuestro pie al zapato. Durante años, muchos sistemas de salud —y yo misma lo hice— le pedimos a las personas que encajen en protocolos diseñados para un paciente promedio que, en realidad, casi nadie es. El Ayurveda invierte esa lógica: parte de la persona, de su naturaleza, de su contexto.
Integrar no significa mezclar todo sin criterio. Significa mirar con ojos más amplios. Significa preguntarse no solo qué come una persona, sino cómo vive, qué siente, qué la preocupa, cómo duerme, cómo se relaciona. Significa acompañar desde un lugar más completo.
Si este recorrido despertó alguna curiosidad, alguna pregunta, o simplemente el deseo de prestarle más atención a cómo te alimentás y cómo te sentís al hacerlo, ya cumplió su propósito. El camino hacia el bienestar no es uno solo, y no tiene por qué recorrerse de una sola manera.
“No se trata de elegir un modelo u otro, sino de encontrar el zapato que se ajuste a tu pie, y no tu pie al zapato.”

ASESORAMIENTO
Alejandra Fugaza. Lic. en Nutrición,(UNC) Formación en alimentación basada en plantas (Universidad Católica de Córdoba)y Nutrición Antiinflamatoria (España).Medicina Ayurveda , Ayurveda y Salud integral de la mujer, Curso de Fitoterapia, y viajes de formación en Ayurveda y Yoga en India Beruti 242 Alto La Viña Jujuy