
El calendario nos marca cada 25 de noviembre el inicio de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género. Es una fecha que ilumina una de las fracturas más dolorosas de nuestro tejido social. Sin embargo, la erradicación de esta violencia no es una tarea exclusiva de gobiernos o instituciones; es una responsabilidad que reside, poderosa y silenciosa, en el eco de nuestras acciones cotidianas. Es un llamado a la conciencia de todos, sin excepción. Con frecuencia, asociamos la violencia únicamente a su manifestación más brutal: el golpe físico.
Pero esta es solo la punta del iceberg. Debajo de la superficie yace un océano de microagresiones normalizadas que crean el caldo de cultivo para que la violencia escale: el chiste sexista en una reunión de amigos, el comentario que descalifica la opinión de una mujer en el trabajo, el control sutil sobre sus decisiones o su dinero, la invalidación de sus emociones. Son estas las grietas por donde se filtra la desigualdad y que, como sociedad, a menudo elegimos no ver.
Aquí es donde nuestro rol se vuelve fundamental. La construcción de una comunidad más bondadosa y empática no requiere actos heroicos, sino una suma de pequeñas decisiones conscientes. Comienza por transformar nuestro papel de espectadores pasivos a testigos activos. Se trata de tener el valor de decir “ese comentario no es gracioso” con respeto pero con firmeza. Implica preguntarle a una amiga o colega “¿estás bien?” y estar dispuesto a escuchar la respuesta sin juzgar, ofreciendo un espacio seguro.
¿Cómo podemos, desde nuestro lugar, ser agentes de cambio?
- Escuchar y Validar: El primer paso para ayudar a alguien que puede estar sufriendo es creerle. Invalidar o minimizar su experiencia (“no será para tanto”, “estás exagerando”) solo profundiza el aislamiento. Una escucha empática es el ancla más poderosa que podemos ofrecer.
- Cuestionar el Lenguaje Cotidiano: Las palabras construyen realidades. Prestemos atención al lenguaje que usamos y que permitimos a nuestro alrededor. Fomentemos un diálogo basado en el respeto mutuo, donde las ideas se debatan sin descalificar a las personas por su género.
- Educar con el Ejemplo: Somos el modelo a seguir para las nuevas generaciones. La manera en que nos relacionamos, resolvemos conflictos y hablamos sobre la igualdad en nuestros hogares es la lección más importante que podemos enseñar a nuestros hijos e hijas sobre cómo construir vínculos sanos.
- Amplificar Información Segura: En un mundo saturado de opiniones, compartir recursos de organizaciones especializadas, líneas de ayuda (como la Línea 144 en Argentina) y artículos de fuentes confiables es una forma sencilla y efectiva de poner información vital al alcance de quien pueda necesitarla.
La violencia de género es un problema de salud pública. Deja cicatrices invisibles como la ansiedad crónica, la depresión y la pérdida de autoestima, afectando la calidad de vida no solo de la víctima, sino de todo su entorno.
Estos días de activismo nos invitan a reflexionar, pero, sobre todo, a actuar. Cada vez que elegimos la empatía sobre el prejuicio, el apoyo sobre la indiferencia y el diálogo sobre la agresión, estamos aportando un hilo de fortaleza a esa red de contención social que nos protege a todos.

