Es el desorden endócrino más frecuente en mujeres en edad reproductiva en el mundo y aproximadamente afecta entre un 6 a 15% de las mujeres y un 6% de las niñas adolescentes. Es importante conocerlo dado que a lo largo de la vida de una mujer, se asocia con morbilidad significativa que incluye alteraciones en la salud reproductiva, disfunción psicosocial, síndrome metabólico, enfermedad cardiovascular e incremento en el riesgo de cáncer.

Su etiopatogenia es compleja y multifactorial, e incluye factores genéticos, epigenéticos y ambientales. Su principal base fisiopatológica es un exceso de producción de las hormonas de origen ovárico y suprarrenal llamadas andrógenos que se traducen en el cuadro clínico como ciclos irregulares, anovulación crónica e infertilidad en la edad adulta. Se asocia con frecuencia a resistencia a la insulina e hiperinsulinemia y a la alteración del eje hipotálamo-hipofisario (hipersecreción de hormona luteinizante LH). Esto provoca un desequilibrio hormonal que altera la ovulación y el crecimiento folicular que luego se traduce en la morfología poliquistica de los ovarios en la ecografía.

Cabe destacar que existen diferentes consensos para su definición hace difícil el diagnóstico en adolescentes. Esto toma importancia porque existen similitudes entre la inmadurez del ciclo durante el desarrollo puberal normal y algunas formas de SOP; este se debería diferir hasta, al menos, el tercer año después de la menarca, ya con un ovario un poco más maduro.

La etiología del SOP es multifactorial y están implicados factores genéticos y ambientales intrauterinos (programación del desarrollo fetal) y extrauterinos (dieta, obesidad y vida sedentaria. Es decir que los factores de riesgo asociados con la aparición de SOP son: obesidad de inicio precoz asociada a resistencia a la insulina, bajo peso al nacer asociado a una recuperación postnatal rápida y exagerada de peso, la pubarca prematura (vello pubiano antes de los 8 años), pubertad adelantada, hiperplasia suprarrenal congénita y otros trastornos con clínica similar.

Respecto a su expresión clínica puede ser con hirsutismo ( exceso de pelo terminal rígido en zonas dependientes de andrógeno) y acné severo, hiperandrogenismo (elevación de hormonas Testosterona libre, SDHEA, testosterona), trastornos del ciclo menstrual y anovulación. La identificación precoz de las niñas en riesgo de desarrollar SOP y de las pacientes con SOP es importante para intervenir y minimizar el desarrollo de comorbilidades.

El sobrepeso, obesidad, la insulinoresistencia puede manifestarse clínicamente con acantosis nigricans (oscurecimiento de zona del cuello) y se relaciona además con dislipemia o hígado graso. Esto es importante para iniciar pautas alimentarias y ejercicio dado que esto impacta en la vida adulta, con diabetes 2 y aumento del riesgo cardiovascular.

Es importante además, realizar los diagnósticos diferenciales y para decidir el mejor tratamiento. Dado que no todas las adolescentes pueden presentar ecografías con patrón quístico, habitualmente el diagnóstico clínico por los síntomas, signos y estudios hormonales. Las opciones de tratamiento para adolescentes con SOP deben ser individualizadas de acuerdo a los síntomas que más afectan a cada paciente, sus necesidades y preferencias, balanceando riesgos y beneficios. Los objetivos del tratamiento son mejorar la calidad de vida, beneficiar la salud física y psíquica de las adolescentes, y a largo plazo reducir comorbilidades de riesgo cardiovascular y diabetes tipo 2.

La consulta precoz con el endocrinólogo pediatra, permitirá intervenir tempranamente y evitar complicaciones.

ASESORAMIENTO:

– • CIDEN • Güemes 1328, PB depto. A, S.S. de Jujuy • Tel 0388 4242902

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