El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una iniciativa instituida en el año 2003 por la Organización Mundial de la Salud en articulación con la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, con el propósito central de generar conciencia a nivel global sobre esta crítica problemática de salud pública.

Los ejes de esta conmemoración apuntan principalmente a desarticular los prejuicios y el silencio que históricamente han rodeado a los padecimientos de salud mental. A través de la visibilización, se busca impulsar el diseño de políticas públicas eficaces y fortalecer las redes de contención institucional y comunitaria. El objetivo es transformar la narrativa actual para lograr consolidar un entorno sociocultural donde el diálogo abierto y la solicitud de asistencia clínica sean prácticas seguras, válidas y de fácil acceso.

En el plano de la colaboración e intervención, resulta fundamental proporcionar una escucha activa, empática y libre de valoraciones morales a aquellas personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad psíquica. Asimismo, la tarea preventiva requiere difundir de manera responsable información respaldada por evidencia científica y orientar constantemente a la comunidad sobre la disponibilidad de líneas telefónicas de atención en crisis, asegurando así la conexión con los dispositivos de salud mental.

Para Michel Foucault, la subjetividad no es una esencia interna, natural o inmutable con la que nacemos. A diferencia de las corrientes psicológicas tradicionales que buscan descubrir un “yo” auténtico y profundo, Foucault sostiene que la subjetividad es un producto histórico, político y social. Es decir, el sujeto no preexiste a la sociedad, sino que es fabricado por ella.

Él utiliza el concepto de subjetivación para describir el proceso mediante el cual un ser humano se convierte en sujeto. En este punto, el filósofo juega con el doble sentido de la palabra “sujeto”: por un lado, significa estar sometido al control y la dependencia de un poder externo; y por otro, estar atado a la propia identidad a través de la conciencia y el mandato de conocerse a uno mismo.

En gran parte de su obra, enfatiza cómo los discursos de verdad y las instituciones disciplinarias moldean a las personas. Un “delincuente” o un “enfermo mental” no son meras descripciones de la realidad, sino formas específicas de subjetividad producidas por engranajes de poder y saber que dictan cómo debemos pensar, actuar y sentir para encajar en lo que una época define como “normal”.

Sin embargo, en sus últimos años de estudio, Foucault amplía esta visión para no reducir al individuo a un simple receptor pasivo y dócil del sistema. Introduce entonces las tecnologías del yo o prácticas de sí. Estas son las acciones y operaciones que las personas realizan sobre sus propios cuerpos, almas, pensamientos y conductas para transformarse a sí mismas, buscando alcanzar un estado de sabiduría, pureza o realización.

En síntesis, la subjetividad desde la mirada foucaultiana es el resultado de una tensión constante: es el punto exacto donde se cruzan los mecanismos de dominación que el poder ejerce sobre nosotros y las prácticas mediante las cuales nosotros mismos nos construimos como individuos.

Biopolítica

El Día Mundial de la Prevención del Suicidio suele abordarse desde una perspectiva estrictamente médica y clínica: se habla de factores de riesgo, de desequilibrios químicos y de la detección temprana de síntomas. Sin embargo, si analizamos este fenómeno a través de la lente del filósofo francés Michel Foucault, el enfoque se desplaza de la mente del individuo hacia las entrañas mismas de la sociedad contemporánea y sus mecanismos de control.

Para Foucault, el suicidio en la modernidad no es solo una tragedia personal, sino un evento que desafía profundamente la lógica del poder estatal.

A continuación, un análisis de la prevención del suicidio desde una perspectiva foucaultiana.

1 – La conmoción del Biopoder: El derecho sobre la vida

En su obra Historia de la sexualidad (particularmente en el volumen La voluntad de saber), Foucault explica un cambio histórico fundamental en cómo se ejerce el poder.

En la antigüedad, el soberano tenía el derecho de hacer morir o dejar vivir (la espada, la ejecución). En la modernidad capitalista, esto se invierte: el poder se convierte en biopoder, cuya función principal es hacer vivir y dejar morir.

El Estado moderno necesita gestionar, optimizar y prolongar la vida de la población para que sea productiva. En este marco, el suicidio se convierte en una conmoción absoluta.

2 – La medicalización y el borrado del contexto

Al convertirse en un problema para la gestión de la población, el Estado moderno dejó de tratar el suicidio como un pecado o un delito (como ocurría en la Edad Media) y pasó a tratarlo como una patología psiquiátrica.

A través del dispositivo de “saber-poder” de la medicina y la psiquiatría, el individuo suicida es diagnosticado y, a menudo, institucionalizado. El riesgo de esta mirada puramente clínica es que despolitiza el sufrimiento.
Al reducir el deseo de morir a un mero desajuste biológico o psicológico individual, la sociedad se exime de mirar las condiciones alienantes, la exclusión, el encierro o la precarización extrema que pueden estar asfixiando al sujeto.

3 – El imperativo de la “normalidad” productiva

La prevención del suicidio, desde los discursos institucionales hegemónicos, muchas veces opera bajo la lógica de devolver al individuo a la “normalidad”. Pero desde una lectura foucaultiana, debemos preguntarnos: ¿qué normalidad?

A menudo, las intervenciones buscan simplemente que la persona vuelva a ser un engranaje funcional en una maquinaria social que le resulta intolerable. El sufrimiento extremo se silencia o se medica rápidamente para que no interrumpa el orden y la disciplina del tejido productivo.

Repensar la prevención: Una ética de la escucha

Leer e intervenir el suicidio en la actualidad no implica, bajo ningún punto de vista, abandonar las herramientas terapéuticas ni dejar de intervenir para salvar vidas. Por el contrario, nos exige una prevención mucho más profunda y ética.

Prevenir el suicidio desde una mirada social y de salud mental, requiere no solo asisitr al sujeto para que no se haga daño, sino desmontar las violencias institucionales y sociales que hacen que la vida le resulte insoportable.

ASESORAMIENTO:

Lic. Rodrigo Aladzeme M.P. 284 – Referente del programa de abordajes de las violencias, Secretaria de Salud Mental, Ministerio de Salud de Jujuy. Psicólogo clínico experto en masculinidades y perspectivas de género, perito, coordinador de grupos terapéuticos. @rodrigoaladzeme

Dejá un comentario